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Una muerte, un secuestro y una comida asociadas a Cucaracha

Una muerte, un secuestro y una comida asociadas a Cucaracha

A lo largo de las siguientes líneas, nos acercamos a tres relatos asociados con el bandido Cucaracha: la muerte de Santiago Ardid, el secuestro de Juan Ruata y la leyenda de las Cinco Villas.

 

1. La muerte de Santiago Ardid, el 15 de abril de 1873 en Alcubierre, ofrece ciertas dudas sobre su autoría. Hasta hoy teníamos la opinión de Rafael Andolz, que dice que lo mató el Bandido Cucaracha por una cuestión de celos, y la de José Antonio Adell y Celedonio García, que opinan que en esas fechas los bandoleros se situaban en los alrededores de Ontiñena, por lo que pudo matarle un cazarecompensas al que confundió con Mariano Gavín. La razón de localizarles cerca de Ontiñena se debe  a que el Diario de Avisos de Zaragoza daba la noticia de la captura de Cucaracha, desmentida al día siguiente por el diario La República. La proximidad de las viviendas de ambos y lo avanzado del crepúsculo vespertino, favorecían tal confusión.

 

La versión de los hechos que describo y que generación tras generación se ha conservado, fundamentalmente está basada en el testimonio de los bisnietos de Vicente Pérez (de casa El Camilo).

 

Mariano Gavín, “Cucaracha” y Santiago Ardid eran vecinos. Las puertas falsas de ambas casas estaban bastante próximas la una de la otra. Mariano era ocho años más joven que Ardid, su ímpetu y su fama de mujeriego (se dice que tenía amantes en Leciñena, Villamayor, Lanaja, Alcubierre…), junto a los problemas de proximidad, hacían que ambos hablasen en sus círculos de las “ganas” que tenían de encontrarse cara a cara para resolver sus disputas. Lo cierto es que Vicente Pérez no comentó en casa que estas disputas fuesen por cuestión de “faldas”. Debido a estas rencillas, Santiago tomaba sus precauciones, los dos se habían proferido amenazas: siempre iba a sus tierras por campo abierto, evitaba tomar los caminos o sendas habituales para no ser sorprendido e iba con su escopeta de caza preparada.

 

En la zona de la sierra de Alcubierre llamada Valmayor, muchas casas o familias tenían sus corrales, construcciones formadas por una caseta junto a otras dependencias y un espacio abierto, cerrado por unas paredes más o menos altas en las que encerraban su pequeño rebaño de cabras y ovejas. En determinadas épocas del año, estas familias hacían noche en este lugar para guardar los animales o realizar tareas que duraban varias jornadas. En una ocasión, faltando poco para terminar la jornada, Gavín con algunos de sus hombres pasó frente al corral del Camilo. En ese momento a Pérez le vino a la cabeza que unos días antes, cuando pasó la cuadrilla a caballo junto a su corral, su perro salió ladrando, lo que molestó al “Zerrudo” que de un tiro lo mató. Cucaracha detuvo su caballo y sin desmontar dijo:

-“¡Buenas Pascual!, ¿Ya plegas?”

-“¡Hola Mariano! Sí, voy pá casa. Y tú, ¿vas al pueblo?”

-“Sí, voy a matar a Santiago “Jordán” que ya me tiene harto”.

Tras despedirse, Vicente pensó: “Tengo que apresurarme y cuando llegue a Alcubierre, avisaré a Santiago de las intenciones de éste”.

 

Ya oscurecía cuando Pérez llegaba a las puertas de su casa, a no mucha distancia de la de Santiago. Dudaba si encerrar la mula o ir a hablar con Ardid. Entonces, escuchó dos atronadores disparos de trabuco. Un escalofrío recorrió su espalda y se dijo a sí mismo: “He llegado tarde, ya no es necesario que vaya a avisarle”.

 

Minutos antes, Santiago había salido a hacer sus necesidades en una era, junto a su casa, como tenía por costumbre. Por si a caso, llevaba una navaja.

 

En la pared del lugar en que cayó herido de muerte, todavía permanece una cruz metálica que se repinta periódicamente con pintura de aluminio, que lleva grabada la inscripción: "A los 44 años. Aquí murió Santiago Ardid. El día 15 de Abril. De 1873”. Acompañando a este relato, incorporamos un dibujo representando la posible escena.

 

2. Sobre el secuestro de Juan Ruata. El secuestro de Juan Ruata se resolvió con su liberación el 2 de febrero de 1875, el día de La Candelera. Recordemos que Juan Ruata, rico propietario de Alcubierre, fue sorprendido por Cucaracha y su banda mientras estaba de cacería con un grupo de amigos. Se separó un momento para hablar con unos peones que estaban en sus tierras trabajando, momento que fue aprovechado por los bandoleros para retenerlo. Nadie pudo hacer nada para evitarlo.

 

Por su rescate, se pidieron siete mil duros de plata. A la mañana siguiente, le llevaron treinta mil reales de plata, a lo que Cucaracha respondió que si no completaban el rescate lo encontrarían muerto. Sabemos el nombre de la persona que llevó lo que faltaba del rescate: Juan Olmos. Su gestión hizo que a los tres días se le permitiera regresar a Alcubierre con su “amo”, y aprovechando que toda la gente estaba en misa, celebrando la fiesta de “La Candelera”, Juan Ruata fue a casa a asearse porque no quería que le viesen en ese estado y se incorporó a sus quehaceres.

 

Durante esos tres días, su fiel criado Juan Olmos no se separó ni un momento de Ruata y fue testigo del trato que sus secuestradores proporcionaron a su amo: “No sufrió mal trato, sino que fue objeto de alguna atención”. Esto pudo ser, simplemente por temor a represalias de los bandidos. Tan agradecido quedó Ruata por el servicio de su criado, que le prometió que en su testamento le dejaría tierras o una importante cantidad de dinero para que pudiera vivir más tranquilamente.

 

Cuando Juan Ruata falleció, Olmos fue a preguntar a la casa de su amo qué le había dejado de lo prometido. No sabemos si hubo testamento, o si había algún escrito al respecto, pero tras insistir varias veces, recibió como recompensa un duro de plata de la época, es decir veinte reales.

 

Según Tuñón de Lara, el salario en esta época para un obrero estaría sobre las dos pesetas diarias. Lo cierto es que si comía por cuenta del “amo”, el jornal se veía mermado, quedando entorno a una peseta, o lo que es lo mismo cuatro reales. Esto nos hace ver la cantidad enorme de dinero que se pedía como rescate en estos secuestros.

 

3. Leyenda de las Cinco Villas. Tenemos noticias de cómo los bandoleros robaban corderos y cabritillos para comer. También del “compadreo” que tenían con algunos pastores para sustraer alguna res del rebaño de algún rico propietario, pero lo que les narro a continuación, resulta bastante curioso, ya que sitúa a Mariano Gavín en un punto bastante alejado del lugar de operaciones acostumbrado: Ejea de los Caballeros.

 

Se cuenta en esta villa que Cucaracha llegó a una casa justo a la hora de comer y se sentó a la mesa junto a toda la familia. Se sirvió con libertad de la misma olla en la que todos metían la cuchara, pero a falta de cubierto de madera que estuviera libre, tuvo que utilizar a modo de cazo una costra de pan. Al terminar Cucaracha, se comió el coscurro para luego ordenar con voz de pocos amigos: “Ahora cada uno de vosotros se comerá su cuchara, tal como yo he hecho con la que a mí me ha servido. Y si no os gusta la madera os aguantáis. "¡A ver si aprendéis para otra vez que a quien llega de fuera se le han de ceder los mejores cubiertos!".

 

No sabemos la fecha en la que se sitúa esta comida, ni el motivo por el que llega Cucaracha hasta aquí, ¿quizá para poner distancia con sus perseguidores? Tampoco se comenta si le acompañaba alguno de sus hombres.

 

 

EPÍLOGO.

El 28 de febrero de 1875 muere en Lanaja el bandolero Mariano Gavin Suñén. Un enfrentamiento con la  Guardia Civil pone fin pone fin a la vida del célebre “Cucaracha”. Tenía 37 años y desde que en 1864 se echó al monte, cincuenta miembros de su banda fueron capturados vivos o muertos.

 

Con su muerte nace la leyenda, y a pesar de que la mayoría de los bandoleros del siglo XIX eran extremadamente violentos, la memoria popular los recuerda con una aureola romántica, a la que, sin duda, contribuyeron los viajeros europeos y americanos de este siglo que recorrieron nuestro país. Sirva como ejemplo este texto de 1860 que escribió el erudito y polifacético Cenac-Moncaut:

 

“El aragonés coge el puñal o la escopeta por dos motivos: por satisfacer una venganza que él cree legítima, y entonces mata sin robar; o por satisfacer una necesidad imperiosa de dinero, y entonces roba sin hacer daño. Demanda la bolsa o la vida honestamente, con el sombrero quitado; dadle vuestro dinero y lo perderéis de vista. No tocará ni uno de vuestros cabellos y se dignará dejaros cinco o seis francos para que podáis seguir viaje hasta el próximo pueblo, dándoos escolta, si es preciso, a través del bosque…No será él quien os asesine a traición en una celada por llevarse vuestra bolsa”.

 

Alberto Lasheras

 

Fuentes:

- Testimonio de Jesús y Teresa Pérez, bisnietos de Pascual Pérez. 2013

-“Biografías Aragonesas”, Rafael Andolz, 1982.

-“Otros Bandoleros Aragoneses”, José Antonio Adell y Celedonio García. Noviembre 2002.

-Testimonio de Mª José Olmos, bisnieta de Juan Olmos. 2013

-“El Pozo de las Sombras”, Alberto Serrano Dolader. 2007. Fundación Fernando El Católico. Centro de Estudios Ejeanos.

- Cenac-Moncaut: “La España desconocida”, texto de 1860, recogido en la antología de Marcos Castillo “XXI viajes de europeos y un americano por el Aragón del siglo XIX”, editado en 1990 por las Diputaciones Provinciales de Zaragoza, Huesca y Teruel.

28/02/2014

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