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JOSÉ TRIS, “EL MALCARAU”, ¿HÉROE O TRAIDOR?

JOSÉ TRIS, “EL MALCARAU”, ¿HÉROE O TRAIDOR?

Se cumplen 201 años de los hechos ocurridos en Robres, en el contexto de la Guerra de la Independencia (1808-1814), interviniendo importantes personajes, que le costó la vida a José Tris frente a un pelotón de fusilamiento en Alcubierre. Tris se encuentra en la zona de Sariñena, hostigando con sus fuerzas a los franceses que transitan por los caminos de la izquierda del Ebro que llevan a Zaragoza.

Retrocedamos dos años para ponernos en antecedentes.

Tras la toma de Zaragoza y del resto de localidades aragonesas, a comienzos de 1810 se procedió a distribuir la Gendarmería Imperial para proteger los caminos y las principales rutas de abastecimiento y comunicación. En este ambiente de ocupación, van levantándose algunas partidas de guerrilla y entre estas una pequeña mandada por José Tris, alias “El Malcarau”, natural de Gurrea de Gállego,  que ya operaba a finales de 1810 en la zona de las Cinco Villas.

En abril de 1811, Espoz y Mina se reunió  en las cinco Villas con José Tris y con el también jefe de partida Larrode, alias “Pesoduro”, nombrando a éste comandante de partida y poniendo bajo sus órdenes a Tris, encargándole iniciar el alistamiento de mozos en el Alto Aragón para formar regimientos.

En un principio, desarrollaron escasa actividad debido al acoso imperial, y el 30 de mayo fueron sorprendidos en Rocaforte por los gendarmes del noveno escuadrón, muriendo nueve hombres de la partida de Tris y siendo apresados otros dos, uno de ellos su hermano. En el campo de batalla, encontraron los franceses a una mujer de la partida de Tris, gravemente herida, con sus bolsillos llenos de cartuchos y con un sacabalas, por lo que debía ser cirujana.

En septiembre, fue nuevamente batido por los franceses de la guarnición de Jaca y tuvo que refugiarse en Roncal. Ese mismo mes, Pesoduro fue hecho prisionero y ahorcado. En octubre, Espoz nombró a Tris como sucesor de Pesoduro, jefe de una fuerza encargada de actuar entre Sangüesa y el Cinca, pero en este empleo dio muestras de indisciplina, no obedeciendo casi nunca las órdenes de Espoz, dedicándose a operar por libre, por lo que éste empezó a pensar en capturarlo para pedirle cuentas.

El 2 de enero de 1812, Espoz ocupó Huesca, pensando en ajusticiar allí al Malcarau, pero la alegría de la toma y la llegada del General Mendizábal a Sangüesa, forzó a Espoz a marchar ese mismo día hacia Navarra para reunirse con su superior, aplazando sus asuntos con Tris para otra ocasión y enviándole emisarios para prevenirle que en adelante se sujete a sus órdenes y que no incomode a los comisionados que piensa enviar al Alto Aragón para recaudar tributos.

A pesar de las acusaciones de Espoz, Tris no es un traidor y sí un enemigo acérrimo de los franceses, que en el transcurso de la guerra ya le han matado a tres hermanos que luchaban junto a él en la partida. La lejanía de sus superiores, le obliga en muchas ocasiones a tener que decidir por sí mismo en el momento, sin esperar órdenes, y a procurar los medios necesarios para subsistir él y su partida que iba creciendo, por lo que debía de gastar parte de lo que recaudaba antes de entregárselo a Espoz.

El 22 de enero de 1812, unió Tris sus fuerzas, unos 120 jinetes, con las de Sarasa y las de Manuel Alegre, alias “El Cantarero”, atacando entre Salas Altas y Hoz de Jaca a un convoy francés, compuesto por 120 bueyes de carga y escoltado por 57 gendarmes, que se dirigían de Bielsa a Barbastro. La victoria fue completa, murieron 42 gendarmes y quedaron 14 prisioneros. Solo uno logró salvarse escondiéndose en la maleza.

En su parte de la acción, Sarasa contaba al general Lacy: “Destinado por el general del segundo y tercer ejército y por el comandante interino de Aragón a la comandancia general de todo este reino en la izquierda del Ebro, verifiqué el difícil paso de este río, reuní a la caballería de “Pesoduro”, al mando del digno jefe José Tris y luego se me incorporó la guerrilla de Manuel Alegre, los cuales se han conducido con honradez, pericia y valor. Tris es digno de todo elogio”.

Tras esta acción, Tris y Sarasa continuaron operando juntos y días después, amenazaron a la guarnición de Graus, dirigiéndose luego a Barbastro, defendida en ese momento tan solo por 127 gendarmes, que ante la amenaza de los guerrilleros se hicieron fuertes en su reducto, no pudiendo ser desalojados, por lo que Sarasa y Tris se retiraron tras conseguir algunos paños para su vestuario, pero para entonces la relación entre ambos ya había cambiado, saliendo a la luz el mismo carácter rebelde de Tris ya denunciado por Espoz, como queda de manifiesto en este escrito enviado por Sarasa:

“Hoy me hallo al frente de más de mil hombres fusil en mano, pero con el dolor de ver este país sacrificado por la guerrilla de caballería de don José Tris, quien soberbio por mandar más de doscientos cuarenta caballos a que asciende su guerrilla, con el apoyo de mi autoridad ya que cuando pasé el Ebro no pasaban de ciento veinte los que tenía, no solamente no ha querido rendir las cuentas de más de cuarenta mil duros que han entrado en estos tres meses en su poder, si es que intenta no obedecerme en nada. Los soldados de dicha guerrilla, además de las raciones que a ojo de cubero se hacen dar, se apoderan de las llaves de las casas donde paran y no solamente destruyen jamones, longanizas, gallinas y ganados, si es que se hacen dar comilonas y en suma, jamás una banda de bandidos puede difundir tanto terror por manera que el infeliz corregidor de Alquezar y otros, gimen con algunos miembros de su cuerpo de menos. Como por otra parte ven la rigurosa disciplina de las tropas que yo mando, los pueblos esperan pronto remedio a tales males. Yo bien se que si V.E. manda un intendente y que Tris rinda sus cuentas y me obedezca, Tris, no viéndose apoyado, estoy seguro me obedecerá y por esta esperanza no lo he ejecutado como podría hacerlo y por un término suave conseguir el deseado fin de solo dedicarme a perseguir a los franceses. Unido Tris conmigo, se cortan los males del país, que a la verdad, se halla entusiasmado”.

Poco después se separaron pasando Sarasa a la zona de Benasque y Tris a incomodar la ruta de Zaragoza a Jaca.

El 25 de febrero estaba con su partida acampado en Marracos, cuando sus vigías le informaron de haber avistado un convoy compuesto por cuatrocientos frailes prisioneros, procedentes de la capitulación de Valencia, que eran llevados a su cautiverio en Francia, escoltados por trescientos soldados de infantería, noventa húsares y cincuenta gendarmes. Sin pensarlo dos veces les atacó entre Gurrea de Gállego y Ayerbe, obligándoles a dar la vuelta y regresar a Zaragoza, con los prisioneros que no habían podido ser rescatados.

El difícil carácter de Tris, que seguía operando en la zona de Sariñena, continuó dando problemas a Espoz, que de nuevo había pasado a ser su superior. Así lo recordará en sus memorias: “Existía en esa región una partida a las órdenes de un tal Tris, nombrado “Malcarado”, que era un hombre de muy malas inclinaciones y con objeto de que las moderase le presté alguna protección para que siguiese molestando a los franceses, pero fue en vano y no tomé una providencia seria contra él porque se encontraba fuera de mi jurisdicción. Ahora que me hallaba autorizado para mandarle y exigirle cuenta de las largas exacciones que hacía a los pueblos (de que éstos se me quejaron y me pedían les hiciese justicia) y de lo mucho que había recaudado de Bienes Nacionales, prevínele que se contase como sujeto a mis órdenes y que no incomodase a los comisionados que yo enviase a aquel país con encargos del servicio”.

Al final, ante su desobediencia, ordenó que se reuniese con él en Robres con el fin de zanjar el asunto.

La reunión se realizó el 22 de abril, cuando llegando Espoz a Robres con su Estado Mayor y un escuadrón de húsares al mando de don Miguel Iribarren, reuniéndose en dicha localidad con el “Malcarado” que ya le espera allí con cuarenta de sus hombres. Pero quiso el destino que al amanecer del día siguiente se presentasen por sorpresa en dicha localidad una fuerte columna francesa mandada por el general Pannetier, estando a punto de apresar al General Espoz, que sorprendido en mangas de camisa y tras defenderse con la tranca de la puerta de su alojamiento, logró huir, pero dejando en poder de los imperiales a dos cadetes, 57 húsares y al capellán de su división.

Todas las fuentes coinciden en que Tris, pese a sus insubordinaciones, nada había tenido que ver con el asalto francés, en el curso del cual estuvo igualmente a punto de ser apresado, pero cuando esa misma tarde volvió a presentarse ante Espoz, éste aprovechó la ocasión para zanjar el problema que le había llevado hasta allí, acusándole junto a su asistente de traidor por haberle preparado la sorpresa y declarándole por ello reo de alta traición, siendo como tal fusilado poco después en Alcubierre con su ayudante italiano.

Como consecuencia de la misma sorpresa de Robres, ahorcó además a un espía de los franceses que acababa de llegar de Zaragoza, a dos espías más que guiaron al enemigo, a tres alcaldes, uno de ellos el de Grañén, por no avisar de que los franceses descansaron allí una hora, y al cura y al alcalde de Leciñena. Estos últimos se  delataron, ya que el cura (Bernardo Rubio), confundió a un oficial de la caballería de Espoz, creyéndole francés, al que le dijo que el alcalde, había dado aviso a las autoridades francesas de Zuera para que apresaran a los dispersos soldados navarros.

Espoz al saber que el chivatazo había salido del párroco y  del alcalde de Leciñena, les dijo que se confesasen deprisa, si querían, antes de ordenar matarlos a sablazos. Sus cuerpos se colgaron en las cuerdas de las campanas de la torre parroquial. La autoridad francesa ordenaría luego su sepultura.

En estos momentos, contaba Tris con unos setecientos u ochocientos hombres, de los que doscientos eran de caballería, los cuales aceptaron la muerte de su jefe y se unieron a la División de Espoz y Mina, como VI Batallón de Voluntarios y IV Escuadrón de Húsares, que seguirían luchando hasta el final de la guerra.

José María Iribarren, el mejor estudioso de de la vida de Espoz y Mina dice: “Yo no creo en la acción alevosa de Tris, aunque Espoz e Iribarren sostengan lo contrario. No creo que el confidente que envió a Huesca fuese cómplice de su traición ni que ordenase a varios alcaldes no dar aviso de la marcha del enemigo. Creo que tanto Espoz como Iribarren, tratan de justificar la acción del “Malcarau” convirtiéndole en un Judas execrable. Espoz, como él confiesa y confirma Iribarren, marchó a Robres a castigar a Tris, sea por sus abusos o latrocinios o sea por quitárselo de en medio porque constituía un obstáculo en sus planes para el Alto Aragón y a sus propósitos de recaudar los productos de los Bienes Nacionales y crear unidades de voluntarios, y Espoz aprovechó la sorpresa de los jinetes de Pannetier para aplicar a Tris la justicia que traía resuelto aplicarle y que no quiso ejecutar en Huesca”.

El historiador norteamericano Don Alexander, en su trabajo “Rod of Iron”, dice que el general francés Pannetier sorprendió a las partidas de Espoz y Tris en Robres, tras haber sido avisado por unos afrancesados de que Espoz se encontraba en la villa, y añade: “…indudablemente, Pannetier había sido informado de la presencia de Espoz en Robres, siendo el Malcarado una desafortunada cabeza de turco, ya que nada en sus acciones ni en la correspondencia francesa sugiere que estuviera pagado por los imperiales”.

Puigblanch, en otra obra escrita en Londres, dice: “…habiendo sido sorprendido en Robres por los franceses, fusiló al partidario don José Tris, suponiéndole en inteligencia con los franceses, cosa increíble, porque le habían muerto tres hermanos y porque allí mismo se defendió de ellos con su partida”.

Es posible que en Espoz influyera a la hora de querer deshacerse de Tris el que éste aún siendo indisciplinado y exigente con los pueblos, mandaba mucha gente y había recogido mucho dinero de los Bienes Nacionales que se negó a entregar a los recaudadores de la División de Navarra en el Alto Aragón, ya que no los reconocía con autoridad sobre él.

Francisco Espoz se anexionó a los hombres de la partida de Tris. Formó el Sexto Regimiento de su División Navarra ( Regimiento de Caballería Cazadores de Navarra) con los  setecientos infantes aragoneses y los doscientos jinetes del “Malcarau”.

 

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Bibliografia y documentación:

-Las Memorias del Mariscal Suchet, de Pedro Rújula.

-Panorama Español, Tomo III., pag.197. Fondo antiguo de biblioteca, 1842.

-Conferencia de Luis Sorando en Gurrea de Gállego

-Espoz y Mina el guerrillero, de José Mª iribarren

-El  Manuscrito de Matías Calvo, de Juan José Marcen Letosa.

 

Alberto Lasheras.

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