Marina Marroquí alerta en Grañén sobre la «generación porno»: «Ahora los niños no buscan pornografía, la pornografía les encuentra»

La experta advierte del acceso cada vez más temprano a contenidos sexuales violentos y reclama más herramientas para que las familias puedan educar y prevenir.

La ponencia, incluida en la programación de Esteparea, ha tenido lugar en Grañén.

La pornografía llega cada vez antes a los menores, muchas veces sin que la hayan buscado, y está condicionando su manera de entender la sexualidad y las relaciones afectivas. Esta es una de las principales advertencias que ha lanzado la educadora social, escritora y especialista en violencia de género Marina Marroquí, que este jueves ha visitado Grañén para ofrecer la conferencia ‘Generación porno. Cómo educar para salvarlos’, incluida en la programación del 25 aniversario de Esteparea, el Foro de la Juventud del Medio Rural de Los Monegros.

 

La ponente ha puesto el foco en una realidad que, según explica, se ha agravado especialmente desde la pandemia. Y no, como podría pensarse, por el uso abusivo de pantallas. Ha sido producto de la transformación de los algoritmos y las formas de distribución de los contenidos pornográficos. «Lo que se consiguió es que, por primera vez, los hombres no tuvieran que buscar el porno, sino que el porno les encontrara», ha señalado.

 

Según Marroquí, los primeros contactos con la pornografía se producen ya alrededor de los 8 años y a los 12 el consumo puede haberse convertido en habitual. Una exposición que, además, ya no depende necesariamente de acceder de forma voluntaria a una página pornográfica sino que puede producirse a través de enlaces, contenidos compartidos e incluso videojuegos.

 

La experta considera que este cambio ha alterado profundamente la manera en que los menores descubren la sexualidad. Si anteriormente el acceso a estos contenidos solía coincidir con la aparición de la curiosidad sexual durante la adolescencia, ahora puede adelantarse varios años, cuando los niños todavía no cuentan con herramientas para comprender lo que están viendo. «Estamos construyendo una generación con unos paradigmas del porno muy diferentes y unas consecuencias mucho más agravadas y profundas», ha advertido.

 

Una realidad que muchas familias desconocen

Marroquí lleva años recorriendo centros educativos y espacios de formación para trabajar con adolescentes sobre igualdad, violencia de género y educación afectivo-sexual. También es autora de libros como ‘Eso no es amor’ y ‘Eso no es sexo’, en los que aborda los mitos del amor romántico, la violencia machista y las consecuencias de utilizar la pornografía como referente sexual.

 

A partir de su experiencia directa con los jóvenes, advierte de que la pornografía que consumen presenta con frecuencia contenidos violentos y modelos de relaciones basados en la agresividad, la desigualdad y la subordinación de las mujeres. De hecho, ha explicado que la violencia puede llegar a cotas inimaginables. Unos referentes que, según sostiene, pueden influir en la construcción de las primeras relaciones afectivas y sexuales, así como contribuir a normalizar determinadas conductas violentas.

 

Además, uno de los problemas que más le preocupa es la distancia entre lo que viven los adolescentes y lo que conocen sus familias. «Las familias están totalmente a contrapié. No saben qué les puede llegar a esa edad, por dónde les llega, cómo les llega y qué consecuencias puede tener en el desarrollo de sus hijos e hijas», ha explicado.

 

La educadora insiste en que los propios adolescentes son conscientes de muchas de estas situaciones y tienen capacidad para reflexionar sobre ellas. De hecho, asegura que sus talleres no consisten tanto en descubrirles una realidad desconocida como en ayudarles a cuestionar aquello que ya forma parte de su vida cotidiana. «Yo no les enseño una realidad nueva. Simplemente les hago reflexionar sobre la realidad que viven», señala.

 

En ocasiones, son los propios docentes quienes se muestran sorprendidos al escuchar lo que relatan sus alumnos, precisamente porque desconocen hasta qué punto estos contenidos están presentes en su entorno.

 

Educar sin dramatizar ni convertir la sexualidad en un tabú

Frente a esta situación, Marroquí considera imprescindible que la prevención no se limite al trabajo con los adolescentes, sino que implique también a las familias y a los profesionales de la educación.

 

«Por mucho que yo les haga reflexionar a ellos, si no doy herramientas a profesionales y familias para que conozcan la realidad y les puedan de verdad prevenir, acompañar y formar, en realidad no estamos solucionando nada», ha subrayado.

 

En este sentido, ha defendido la necesidad de superar los tabúes que todavía rodean la educación sexual, especialmente en un contexto en el que niños y adolescentes están expuestos continuamente a mensajes e imágenes sexualizadas. «Hemos dejado un agujero negro formando, educando y acompañando en el sexo en una sociedad totalmente sexualizada», ha lamentado. Una contradicción que, según explica, termina perjudicando especialmente a los más jóvenes.

 

Por ello, su mensaje a las familias no pasa por generar alarma, sino por conocer la realidad, abrir espacios de diálogo y disponer de herramientas para acompañar a sus hijos e hijas desde edades tempranas. «Lo que intento es mostrar las consecuencias, mostrar el precio que la adolescencia me cuenta que ya está pagando e intentar dar herramientas a las familias para que, de una forma dinámica, sin dramatizar y natural, puedan abordar en casa esta problemática», ha resumido.

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