
El dance de Sena volvió a entusiasmar a vecinos y visitantes con su fuerza y brío.
El sonido de la gaita de boto, el choque de los palos y los cascabillos han vuelto a llenar este domingo la plaza Mayor de Sena. El dance, declarado Fiesta de Interés Turístico de Aragón, ha desplegado toda su riqueza y vistosidad en honor a la Virgen del Rosario, con sus mudanzas, coloquio, motadas y personajes tradicionales.
La representación ha llegado después de una mañana marcada por la devoción, que ha comenzado de madrugada con las coplillas y el Rosario de la Aurora y ha continuado con la procesión, la misa cantada por la Coral Voces Amigas y la Ofrenda de Flores. Ya en la plaza, los danzantes han tomado el protagonismo, acompañados por la gaita de boto, el instrumento que marca el ritmo de sus movimientos.
Aunque la mayoría de las mudanzas han derrochado fuerza y vistosidad, uno de los momentos más espectaculares ha llegado con la Rueda. Los danzantes han formando un círculo alrededor del mayoral y han elevado a los volantes sobre sus hombros, entre espadas cruzadas, hasta culminar con el Ángel en lo alto.

Imagen del diálogo entre los generales turco y cristiano.
Tampoco han faltado los enfrentamientos entre el Ángel y el Diablo, símbolos del bien y del mal, ni entre los generales cristiano y turco. David Guerrero, que ha recuperado este año el papel de diablo, ha explicado que su personaje busca «crear incertidumbre, malestar y desconcierto entre la gente». Para él, volver a participar supone «un orgullo enorme» y una oportunidad de seguir contribuyendo a la tradición del pueblo.
También han ofrecido su habitual diálogo el mayoral y rabadán. Y, como cada año, este último ha sido el encargado de leer las motadas, aportando humor y cercanía a la actuación.
Más allá de la puesta en escena, una de las claves de la continuidad del dance está en su transmisión familiar. Carlos Uriol, nieto e hijo de danzantes, es un buen ejemplo. Para el joven, participar en un día como este es motivo de «orgullo y alegría».

Mayoral y rabadán también han completado su diálogo durante la representación.
La música constituye el otro pilar de la representación. Carlos Plana, gaitero de Sena desde hace más de cuarenta años, ha destacado la importancia de la gaita de boto como instrumento que guía las mudanzas, acompañada por la percusión de los palos y los cascabillos. Pese a su dilatada trayectoria, asegura que sigue viviendo cada actuación con la misma entrega y satisfacción. «Te vuelves a sentir identificado con lo tuyo, volver aquí es sinónimo de tradición y fiesta», ha dicho.






















