Pablo López ilumina la Cartuja con un concierto sin distancia ni artificios

El malagueño ha reunido a unas 1.800 personas en la penúltima gran noche del SoNna Huesca.

Pablo López, junto al piano, su gran aliado durante el concierto ofrecido en La Cartuja.

A las siete de la tarde, la Cartuja de las Fuentes, situada en el municipio de Sariñena, todavía estaba completamente bañada por el sol. No había oscuridad que envolviera el escenario ni luces capaces de esconder al público. Pablo López podía ver perfectamente quién estaba al otro lado. Y quizá esa circunstancia, poco habitual en un concierto de estas dimensiones, ha terminado definiendo buena parte de lo ocurrido este viernes en Sariñena.

 

El malagueño ha comenzado de la forma más desnuda posible: al piano y con ‘El niño del espacio’ y ‘La niña de la linterna’. Después ha llegado la banda, el sonido ha crecido y también lo ha hecho un concierto que nunca ha parecido demasiado interesado en obedecer un guion cerrado. Ha sido una actuación perfecta para la traca final del festival SoNna, impulsado por la Diputación de Huesca y llamado a descubrir lugares únicos.

 

La luz le ha sorprendido desde el principio. López ha contado que en sus conciertos nocturnos son muchas veces las pantallas de los móviles las que le permiten intuir la cantidad de gente que tiene delante. Esta vez no ha necesitado ninguna referencia. «Os veo a todos», ha dicho con cierta risa nerviosa.

 

No es la primera vez que la Cartuja provoca esa sensación. Su amigo Antonio Orozco, cuando actuó en este mismo escenario en 2022, comparó aquella exposición con «hacer el amor con la luz encendida». Cuatro años después, Pablo López también ha tenido que enfrentarse a esa falta de escondite. Y ha acabado disfrutándola.

 

El sol, eso sí, le ha obligado en un momento dado a ponerse unas gafas. «Me siento como Rihanna o Elton John», ha soltado entre risas.

 

La broma ha resumido bien su manera de estar sobre el escenario. Pablo López ha hablado mucho, ha reído todavía más y ha convertido cualquier pequeño accidente en parte del espectáculo. Incluso cuando han tenido que ajustarle la petaca, ha aprovechado para pedir un aplauso para quienes trabajan detrás y «no se ven», aunque, en esta ocasión, tal y como ha dicho, todo el mundo podía ver a los que estaban al otro lado.

Alrededor de 1.800 personas han disfrutado del penúltimo concierto del SoNna Huesca de la DPH.

Pablo López ha cantado prácticamente pegado al micrófono, muy cerca del piano, como si necesitara reducir al mínimo la distancia con la canción. Solo se aleja cuando llega una nota alta: levanta la cabeza, cierra los ojos y busca la voz hacia arriba. Y ha habido momentos en los que la emoción le ha sacado literalmente del asiento, aunque las manos hayan seguido sobre las teclas.

 

Ahí ha aparecido ese Pablo López que el público reconoce como cercano, pero que este viernes ha quedado especialmente al descubierto. La luz ha permitido ver mejor la sonrisa, las miradas a los músicos, las pausas, la forma de improvisar y hasta esos pequeños gestos que normalmente desaparecen bajo la iluminación de un gran concierto.

 

También ha quedado claro que el repertorio para él es solo un punto de partida. Ha estirado canciones, ha modificado finales, ha improvisado y ha abierto caminos que no estaban escritos. En medio de sus propios temas se ha arrancado con una estrofa de ‘No dudaría’, de Antonio Flores, y también con unas líneas de ‘No me importa nada’, de Luz Casal.

 

El guiño a la cantante gallega ha resultado especialmente oportuno. Será ella quien este sábado clausure definitivamente la séptima edición del SoNna Huesca, con las 2.000 localidades vendidas. Pablo López ha dejado este viernes otra de las grandes entradas del festival, con unas 1.800 personas frente a la Cartuja.

 

Después de aquella apertura al piano, el concierto ha ido creciendo con ‘Me voy a escapar’, ‘Lo saben mis zapatos’, ‘La libertad’ y ‘Te espero aquí’. Y entonces ha llegado ‘Esdrújula’, uno de los adelantos de ‘El Cuatro’, el nuevo álbum que Pablo López publicará dentro de solo siete días.

 

La canción invitaba demasiado como para no jugar un poco con sus propias palabras. Íntimo, eléctrico, mágico por momentos y eufórico cuando la banda ha empujado. No hacía falta muchas más.

Pablo López, junto al público, cediendo el micrófono a una pequeña fan.

‘Quasi’ y ‘Vi’ han mantenido el pulso antes de uno de los instantes más celebrados del concierto. Con ‘Tu enemigo’, López ha abandonado el escenario y se ha adentrado entre el público. Ha cantado rodeado de móviles, abrazos y caras de sorpresa y ha terminado entregando el micrófono a una pequeña fan.

 

El concierto ha cambiado de nuevo de temperatura con el bloque acústico de ‘KLPSO’, ‘Mama No’ y ‘El abrazo más grande de todos’. Para entonces también había cambiado el escenario sin necesidad de mover nada: el sol había ido perdiendo fuerza, la tarde avanzaba y la Cartuja comenzaba a entrar en la noche.

 

‘El mundo’ y ‘El patio’ han llegado después para encarar el tramo final, ya con un público completamente entregado. Y, como cierre, dos bises. La primera estaba prevista: ‘Suplicando’. La segunda no. Cuando parecía que el concierto se había acabado, Pablo López ha vuelto y ha improvisado un último regalo con ‘Piensa en mí’. Un gran broche.

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