25 años cuidando personas: la Residencia Monegros de Grañén celebra su aniversario

El centro, impulsado por María José Zuferri y Antonio Morillo, se ha consolidado como uno de los principales referentes comarcales en cuidado y atención a los mayores.

En el centro, María José Zuferri, junto a sus hijas, Raquel y Alicia Morillo.

 

Hace 25 años, María José Zuferri y su marido, Antonio Morillo tomaron una decisión que cambiaría su vida… y también la de muchas otras familias. Ambos impulsaron la creación de la Residencia Monegros de Grañén, que el próximo 14 de marzo celebrará su aniversario con varias actividades, entre ellas, una actuación del grupo Atención Clown.

 

Su idea de crear una residencia de personas mayores no nació de un plan empresarial al uso sino de una experiencia personal muy cercana. En su propia casa, junto a sus tres hijos, convivían entonces tres abuelos. Aquella situación, sumada a la falta de oportunidades laborales para muchas mujeres en el medio rural, sembró la semilla de un proyecto que hoy está totalmente asentado.

 

«En aquel momento apenas había mujeres trabajando aquí. Muchas familias estaban cuidando a sus mayores en casa y nosotros mismos teníamos a tres abuelos con nosotros. Mi suegra necesita muchos cuidados y entonces, comenzamos a buscar una residencia», recuerda María José Zuferri. El matrimonio empezó a visitar centros para conocer cómo funcionaban, pero lo que encontraron no les convenció, especialmente en relación a las instalaciones. «Entonces empezamos a pensar: ¿y si montamos nosotros una residencia? Un espacio en el que llegado el momento nosotros mismos quisiéramos estar», señala. Y ese fue el punto de partida de la Residencia Monegros.

 

Durante meses visitaron centros, recopilaron ideas y se formaron para poder poner en marcha un proyecto que, en aquel momento, era poco habitual en un entorno rural. Durante un año, María José Zuferri llegó incluso a desplazarse todos los sábados a Zaragoza para realizar un curso específico sobre la gestión de residencias y afrontar el complejo proceso administrativo que exigía la apertura. También recabó el apoyo de una doctora, Mar Bescós, con un gran conocimiento y, al mismo tiempo, una gran sensibilidad hacia las personas más vulnerables. La contrataron con el edificio todavía en obras y el esfuerzo les permitió acabar ofreciendo una residencia adaptada a las necesidades de cualquier usuario.

 

El centro residencial abrió sus puertas un 14 de enero de 2001, con tres usuarios, cuatro auxiliares, tres personas destinadas a la limpieza y una administrativa, a la que se sumaba la propia doctora. Los comienzos, como en cualquier proyecto emprendedor, no fueron fáciles. «Ni lo siguen siendo», apostilla María José, especialmente por los cambios de normativas y la dificultad que siempre conlleva trabajar con personas. No obstante, el proyecto fue cumpliendo objetivos y en la actualidad, tiene llenas su 97 plazas y además, da empleo a 47 personas, convirtiéndose en uno de los principales motores laborales del municipio y en un servicio esencial para numerosas familias de la comarca.

 

Pero si algo ha marcado la trayectoria del centro ha sido su filosofía de atención. «Nuestro lema siempre ha sido cuidar a las personas como nos gustaría que nos cuidaran a nosotros», resume. «Y eso es lo que seguimos haciendo 25 años después», concluye.

Una residencia centrada en la persona

La segunda generación de la familia también forma parte hoy del proyecto. De hecho, dos de las hijas del matrimonio continúan al frente del centro: Alicia y Raquel Morillo. Ambas crecieron prácticamente entre los pasillos de la residencia viendo cómo evolucionaba el trabajo de sus padres.

 

En estos años, según explican, ha cambiado profundamente la forma de entender el cuidado de las personas mayores. «Antes la atención estaba más centrada en cubrir las necesidades básicas: que estuvieran bien atendidos, limpios o alimentados», explica Alicia Morillo. «Ahora el modelo se basa en una atención centrada en la persona, donde el residente está en el centro de todo».

 

Cuando una persona llega a la residencia, el equipo recoge primero información básica sobre sus hábitos y preferencias: qué le gusta comer, qué horarios prefiere o cómo se siente más cómodo en su día a día. Después, el trabajo se centra también en su historia de vida. «Intentamos conocer quién es esa persona, qué ha hecho en su vida, qué situaciones le han marcado, cuáles han sido sus aficiones o su profesión. Eso nos ayuda a entenderla mejor y a adaptar las actividades o incluso las conversaciones del día a día», señala.

 

El objetivo es que cada residente pueda seguir haciendo aquello que le gusta y manteniendo sus propios ritmos. A las actividades terapéuticas habituales, como la fisioterapia o la terapia ocupacional, se suman propuestas culturales, talleres, celebraciones o encuentros que buscan mantener activa la vida social del centro. Así, a lo largo del año, se celebran fiestas tradicionales como el carnaval o la castañada, además de una semana cultural y actividades temáticas. Los cumpleaños también se celebran de forma especial, reuniendo cada mes a los residentes que cumplen años en ese periodo.

 

Además de esta apuesta por una atención cercana y centrada en la persona, el centro también se distingue por gestionar directamente la mayor parte de sus servicios, sin recurrir a empresas externas, salvo en el caso de la peluquería y la podología. Entre los ejemplos más representativos se encuentra la propia cocina, dirigida por Raquel Morillo, donde la elaboración es completamente casera: desde las croquetas o la tortilla de patata hasta los postres.

 

Para Raquel Morillo, continuar el proyecto iniciado por sus padres «es una gran responsabilidad, pero también un orgullo». «Me siento muy agradecida por poder dar continuidad a una iniciativa familiar que ha generado empleo y servicios en el medio rural, y esperamos poder seguir desarrollándola en el futuro», señala.

 

Las dos hermanas destacan especialmente de su madre su ejemplo de trabajo, constancia y exigencia consigo misma, una forma de entender el compromiso con el trabajo que ambas intentan aplicar en el día a día de la residencia.

Fina, Angelita y María Pilar son tres de las trabajadoras más veteranas del centro residencial.

Una experiencia que «engancha»

Detrás de la atención diaria hay un equipo humano que, según subrayan desde la dirección, es el verdadero motor de la residencia. Algunas de las trabajadoras llevan más de dos décadas formando parte del centro. Es el caso de María Pilar Giménez, que acumula ya 23 años en la residencia y recuerda prácticamente sus primeros días de funcionamiento. «Es un trabajo muy muy gratificante. Al principio yo nunca había trabajado con personas mayores, pero es algo que engancha», explica. «Los residentes responden muy bien y se crea una relación muy especial con ellos», dice.

 

También Fina Martín, con 20 años de experiencia en la residencia, destaca el ambiente cercano que se respira en el centro. «Estoy muy contenta aquí. Hay muy buena relación con los residentes, con las compañeras y también con los responsables. Al final pasamos muchas horas juntos y se crea un ambiente muy cercano», señala.

 

Para Angelita Gutiérrez, que también suma 23 años en el centro, el trabajo ha supuesto además un aprendizaje personal. «Sobre todo he aprendido a tener mucha paciencia, que es algo fundamental para trabajar con personas mayores», explica. «Pero también he aprendido el valor del trabajo en equipo. Aquí todos tenemos que colaborar para que el turno funcione». Según añade, la experiencia de convivir con personas mayores deja también un aprendizaje humano difícil de encontrar en otros ámbitos. «Son como un libro abierto. Cada uno tiene una historia, una vida llena de experiencias que te van transmitiendo».

Usuarios del centro en una de las sesiones de fisioterapia.

«Aquí me siento como en mi casa»

Esa cercanía es también la que destacan muchos de los propios residentes. Adelina Peira, natural de Huesca, cumplirá 99 años el próximo 16 de marzo. Llegó a la residencia tras quedarse viuda y vivir sola. «Aquí me siento francamente encantada», explica. «Ya había tenido una hermana en esta residencia y sabíamos que funcionaba muy bien».

 

Además, valora especialmente la variedad de actividades que se organizan en el centro. «Hay muchos talleres: memoria, bingo, manualidades… y eso cuando estás sola se agradece muchísimo».

 

Otro de los residentes más veteranos es Ricardo Redondo, natural de Zaragoza. Llegó a la residencia hace ahora 25 años, cuando el centro acababa de abrir sus puertas. Fue el usuario número 13 y, desde entonces, no se ha marchado. «Aquí me siento como en mi casa, me encuentro perfectamente, de cine», afirma.

 

Un aniversario para celebrar

Para conmemorar sus 25 años de trayectoria, la Residencia Monegros celebrará el próximo sábado 14 de marzo una jornada festiva abierta a residentes, familiares y personas vinculadas al centro.

 

El acto comenzará a las 17.00 horas con la intervención de la fundadora del centro, María José Zuferri, y después, se desarrollará la actuación del grupo Atención Clown. También habrá un pase de fotografías que recorrerá los momentos más significativos de estas dos décadas y media de historia. La celebración concluirá con un vino español para compartir este aniversario con trabajadores, residentes, familiares y amigos.

AGENDA

 

Febrero-Marzo

Carnavales. La mayoría de las localidades lo celebrará el 21 y 28 de febrero. El más singular, el de Villanueva de Sigena, será el 7 de marzo. 


18 de abril

Encuentro de Dances de Monegros en Leciñena. La cita busca dar mayor visibilidad a esta ancestral tradición y además, fomentar los lazos de unión entre las formaciones.