
Un grupo de vecinas de Montesusín, que han visto crecer a Yasmina Praderas y que celebran sus éxitos.
Yasmina Praderas cuenta que ha tenido la suerte de criarse en un pueblo. Y ese lugar fue Montesusín, pedanía de Grañén, donde vivió una infancia marcada por la libertad, el tiempo en la calle y los juegos en grupo. Allí, sus recientes logros como técnico de sonido de grandes películas se han vivido como propios. Para sus vecinas y vecinos, la primera aragonesa nominada a los Premios Oscar es «una más», señalan. «Ha crecido aquí, corriendo y jugando por estas calles; aquí está su hogar», resumen.
La población, que ronda los 200 habitantes, ha vivido con entusiasmo y orgullo su paso por la alfombra roja. Y antes sus éxitos en los Goya. «¡Quién se lo iba a imaginar! Hemos seguido cada gala con ilusión y nervios. Hablamos de una chica a la que hemos visto crecer y que ahora ha llegado a la meca del cine. No podemos estar más orgullosos», indica una de sus vecinas, Mari Paz Mur.
Desde Montesusín, donde pasó su infancia, su trayectoria profesional se ha ido consolidando en el ámbito del sonido cinematográfico hasta alcanzar un gran sueño con su participación en el equipo de sonido de ‘Sirat’, dirigida por Oliver Laxe. Un trabajo que le ha valido la nominación a los Oscar y que la ha convertido además en componente del primer equipo íntegramente femenino nominado en una categoría técnica, junto a Amanda Villavieja y Laia Casanovas.
Una experiencia que, según reconoce, vivió con especial intensidad en los días previos a la gala, tras un proceso dividido entre la promoción internacional y los actos institucionales en Los Ángeles. «Sinceramente, lo viví sobre todo la última semana», explica, después de un recorrido que la llevó por distintas ciudades de Estados Unidos y Canadá presentando la película y reflexionando sobre su propio trabajo. «En el momento en el que entramos en la shortlist y luego con la nominación… ya era como: no se puede más. Nunca había imaginado llegar hasta ahí», reconoce.
También lo vivieron así los vecinos y vecinas de Montesusín, incluso antes de que llegara la nominación y sintieran la emoción de verla sobre la alfombra roja. «Ya estaba acostumbrada a ver su nombre en varias películas y además, había compartido sus grandes alegrías en los Goya, pero encontrarlo en grande en los créditos de Sirat, con el protagonismo que tiene el sonido en la película, fue aún más impactante. Me emocionó muchísimo, fue una alegría y además, avivó muchos recuerdos», explica una de sus amigas de la infancia en Montesusín, Inma Garcés, con la que todavía conserva relación.
Garcés sitúa esos recuerdos en una infancia compartida y muy ligada al pueblo, donde Yasmina y su hermano regresaban cada fin de semana y durante los veranos a casa de sus abuelos desde Huesca. Formaban parte de una misma cuadrilla de chicos y chicas que llenaban los días de juegos y vida en la calle. «Hacíamos casetas en los pinos, jugábamos al mataviejas, a la lata, íbamos en bicicleta… Éramos una cuadrilla muy maja y lo pasábamos muy bien», resume.
Con el paso del tiempo, los caminos se fueron separando, aunque no del todo. De hecho, siguen manteniendo el contacto e intentan verse en fechas señaladas. Para Garcés, ver su evolución profesional resulta «muy bonito y emocionante».

En el centro, Yasmina Praderas, junto a sus dos compañeras en el equipo de sonido de Sirat, Amanda Villavieja y Laia Casanovas.
Yasmina Praderas también reconoce conservar una fuerte conexión con el pueblo de su infancia. Aunque vivía en la ciudad de Huesca, insiste en la suerte de haber crecido en un entorno rural, algo que valora especialmente cuando compara sus vivencias con quienes solo han tenido una niñez urbana. De aquellos años, conserva el recuerdo de una infancia «aventurera y divertida», dice, donde era posible disfrutar de largas noches de verano y entrar y salir de casa sin horarios. Montesusín, añade, sigue siendo para ella «una sensación de casa», ligada tanto al lugar como a las personas.
A ese relato colectivo contribuyen también otras vecinas como María Dolores Maiz u Olga García, junto a María Jesús Sobrevivía, quien confirma que el pueblo formaba parte de su día a día, con estancias frecuentes en casa de sus abuelos, Alfonso y Asunción, conocida como El Caracolero. «Aquí hacía vida como cualquiera y ahora, sigue siendo la casa familiar, donde todavía vienen y se reúnen», señala, al tiempo que recuerda la faceta artística de su abuela, «una gran pintora», como posible origen de su sensibilidad creativa.
Un buen ejemplo de su vínculo con el pueblo es su elección de vestuario en su primera nominación a los Goya en la categoría de Mejor Sonido por ‘Quién a hierro mata’ (2019), ya que su autora fue la costurera y vecina de Montesusín, Mari Mar Pérez. «Cuando me llamó estaba muy contenta, le hacía mucha ilusión, y a mí más», recuerda. A esa primera nominación, le siguieron cuatro más. En 2022, consiguió su primer Goya por ‘As bestas’ y en 2023, obtuvo dos nominaciones en la misma categoría por ‘Campeonex’ y ‘Saben aquell’. ‘Sirat’ le dio este año su segundo Goya.
Ante esta extraordinaria trayectoria, Montesusín ya prepara un propio reconocimiento. Sus vecinos trabajan en un homenaje que tendrá lugar durante las fiestas pequeñas de San Isidro, donde celebrarán algo que tienen muy claro, que la historia de Yasmina Praderas también forma parte de la suya y de la de su pueblo.





















