
La investigadora y divulgadora es la pregonera de San Antolín 2026.
Gemma Grau afronta el pregón de San Antolín con una mezcla de ilusión y responsabilidad, consciente de que será la encargada de poner voz a uno de los momentos más esperados de las celebraciones. Investigadora, divulgadora y profundamente vinculada a la vida social de Sariñena, reivindica el valor de las tradiciones, especialmente de la Ronda de Jotas, y confía en que su intervención sirva para mantener e incluso elevar la energía con la que la localidad se lanza cada año a celebrar. Después, volverá a ser una peñista más, de las que intentan llegar a todos los actos. Solo se deja el tiro al plato y la petanca, confiesa.
Ya está muy cerca de vivir ese gran momento. ¿Qué pesa más ahora mismo: la ilusión, la responsabilidad o los nervios de subir al escenario y dirigirse a su pueblo?
Creo que ha sido precisamente por ese orden. En un primer momento, fue sobre todo ilusión. Ahora, estos días en los que estoy escribiendo el pregón, pesa más la responsabilidad. Y supongo que los nervios llegarán cuando llegue el momento de subir al escenario.
Ha vivido San Antolín como mairalesa, peñista y miembro de la Agrupación de Peñas. ¿Qué cambia al vivirlo ahora como pregonera?
Sobre todo, que esta vez no tengo ninguna obligación organizativa. Aunque estoy como delegada de la asociación del Casco Antiguo en la Comisión de Fiestas, no tengo que estar pendiente directamente de organizar un acto y de que todo salga correctamente, y eso quita bastante estrés. Como pregonera estás en un lugar privilegiado, invitada a participar en los actos y disfrutándolos desde otra posición. En ese sentido, es probablemente la mejor forma de vivir las fiestas.
Usted es investigadora y dedica grandes esfuerzos a explicar de dónde venimos. ¿Qué peso tienen las fiestas de San Antolín en la identidad de Sariñena?
Tienen muchísimo peso y, además, detrás hay una de las historias más curiosas de Sariñena. Antiguamente las fiestas se celebraban por San Salvador, al igual que Pallaruelo de Monegros y Lastanosa. Pero eso cambia con el paso de un peregrino que llevaba una reliquia de San Antolín y con los acontecimientos que se produjeron a partir de entonces. San Antolín acaba convirtiéndose en patrón de Sariñena y las fiestas pasan a celebrarse el 2 de septiembre. Es una de las historias más curiosas y por supuesto, que más peso tienen en la historia de Sariñena al cambiar por completo la configuración del calendario.
Es muy curioso porque todavía permanecen esas dos realidades: la iglesia y la plaza continúan llamándose del Salvador, pero nuestras fiestas patronales son en honor a San Antolín.
Cuando piensa en San Antolín, ¿qué imagen, sonido o momento le lleva inmediatamente a sus fiestas?
Hay un momento que me gusta muchísimo y que me acompaña siempre: las primeras horas de la primera mañana de fiestas. Cuando sales pronto de casa para ir a almorzar y notas ese fresco de una mañana que ya es de septiembre. Las calles huelen a limpio, y a albahaca, se escucha el sonido de las banderas cuando hace aire y todo está por llegar…
Cuando conocimos su nombramiento nos decía que quería transmitir ese orgullo por lo heredado. ¿Qué le gustaría que los sariñenenses redescubrieran o valoraran estos días?
Que lo mejor que tiene Sariñena, y lo que más pueblo la hace, no son sus monumentos ni su historia, sino lo que sus gentes hacen por su pueblo.
Sabemos que continúa investigando sobre la historia de Sariñena. ¿Qué le ocupa ahora y qué nuevos capítulos de nuestra historia le gustaría sacar a la luz?
Ahora mismo estoy terminando un libro, una biografía sobre un personaje de Sariñena que es bastante conocido y, al mismo tiempo, bastante desconocido, el violinista José Guioni. Saldrá publicado próximamente por el Instituto de Estudios Altoaragoneses.
Tengo también algún otro proyecto en mente, pero hay uno al que me gustaría poder dedicarme a fondo cuando tenga tiempo: investigar la historia de las ferias de Sariñena desde la Edad Media hasta nuestros días. Ahora mismo, ya hablo de ellos en los recorridos históricos por la localidad y además, lo he hecho en algún artículo, pero una investigación destinada a un libro exige mucho más: consultar numerosos archivos, profundizar en las fuentes… y me gustaría hacerlo.
Sariñena ha cambiado y también lo han hecho sus fiestas. ¿Qué cree que no debería perderse nunca?
La Ronda de Jotas. En los últimos años, junto a Celedonio García, hemos conseguido recuperar también la Carrera de Pollos, que se había perdido y había desaparecido del programa, pero ahora mismo me preocupa especialmente la Ronda.
Desde la pandemia ha sufrido cierto bajón. Falta parte de esa gente mayor que era la que abría las casas y, al mismo tiempo, hay viviendas vacías en el casco antiguo y generaciones más jóvenes que quizá no entienden la Ronda como algo tan festivo. Se echan de menos más puertas abiertas. Creo que ahí todos tenemos que hacer un esfuerzo: juntarnos con vecinos, con familiares, abrir las casas y recibir a los rondadores. Es una tradición que merece ser cuidada entre todos.
¿Hablará de historia y raíces en su pregón o veremos también a una Gemma Grau más fiestera?
Habrá tiempo para todo. Evidentemente, para hablar del presente hay que hacer alguna referencia al pasado y supongo que la gente también espera de mí alguna pincelada histórica. Pero el tiempo es limitado y quiero que haya espacio para otras cosas. No va a ser únicamente un pregón de historia.
Sin desvelarnos demasiado, ¿con qué sensación le gustaría que se quedara la gente cuando termine su pregón?
Me gustaría que el pregón consiguiera mantener la energía que ya trae la gente después de la cabalgata. Es un momento de mucha expectación, justo antes del cohete, y mi intención es que esa energía no decaiga, sino todo lo contrario: mantenerla arriba y que siga creciendo hasta el inicio de las fiestas.
Y cuando deje de ser pregonera y empiecen las fiestas, ¿cómo suele vivir usted San Antolín? ¿Es de las que intenta llegar a todo, de las que se pierde por las peñas, de ronda, de conciertos…?
Siempre digo que llego a todo menos al tiro al plato y a la petanca, que son dos actos a los que nunca consigo llegar. Pero suelo estar en muchísimas cosas: la procesión del día 2, el ofertorio, el Dance, las carreras pedestres, los cafés… Y vivo las fiestas de una manera muy peñista. Estoy tanto en el local de la Agrupación de Peñas como en nuestra propia peña. Sacamos la mesa a la calle, cenamos allí y todo el que pasa está invitado. Así es como me gusta vivir San Antolín.





















