
En el centro, el homenajeado, que ha sido nombrado gaitero de honor de la Trobada de Robres.
Robres ha celebrado este sábado la XVII Trobada de Gaiteros de Aragón, una jornada marcada por la música tradicional, la convivencia y la reivindicación de la gaita de boto como uno de los grandes símbolos del folclore aragonés. El acto más emotivo y destacado ha sido el homenaje al gaitero Rafael Salas Ausens, descendiente de la localidad monegrina y considerado uno de los grandes protectores, divulgadores y embajadores de este instrumento tradicional.
La cita ha reunido a alrededor de 60 intérpretes procedentes de diferentes puntos de Aragón, con una destacada presencia del alumnado de la Escuela Municipal de Música y Danza de Zaragoza, considerada hoy uno de los principales espacios de formación y recuperación de la gaita de boto aragonesa.
«Ahora mismo es el gran semillero de la recuperación de la gaita de boto aragonesa», ha explicado Pedro Oliván, presidente de la Asociación Cultural El Pimendón y uno de los impulsores históricos del encuentro. «En los años noventa apenas había una docena de gaiteros. Hoy ya existen grupos consolidados, jóvenes que continúan aprendiendo y músicos que siguen llevando la gaita a dances, romerías, pasacalles y actuaciones por todo Aragón», ha señalado.
La jornada ha comenzado con la recepción de participantes y una degustación de migas y vino de Robres, seguida de talleres, actividades y un pasacalles por las calles del municipio, con parada en el Plegadero, donde ha tenido lugar el homenaje a Rafael Salas Ausens, que ha sido reconocido como ‘gaitero de honor’ del encuentro de Robres. La programación se ha completado con comida popular, escenario libre para músicos y el concierto folk del grupo Bosnerau en el Corral de Comedias.

Han participado unas 60 personas con diferentes instrumentos.
La trobada, impulsada por la Asociación Cultural El Pimendón con la colaboración del Ayuntamiento de Robres y otras entidades locales, alcanza su decimoséptima edición manteniendo intacta la filosofía con la que nació en 1999: ofrecer un espacio de encuentro, convivencia e intercambio entre gaiteros, reflexionar sobre la recuperación de la gaita de boto y mostrar al público cómo este instrumento sigue ligado a dances, romerías y celebraciones populares.
Además, la celebración tiene un fuerte componente simbólico al desarrollarse en Robres, localidad donde se conserva y documenta la gaita de boto más antigua de Aragón. «Robres ofrece el espacio y la infraestructura en torno a un auténtico tesoro», ha indicado Oliván.
La edición de este año ha querido poner el foco en la trayectoria y el compromiso de Rafael Salas Ausens, muy vinculado sentimentalmente al municipio a través de su familia materna. «Rafael ha sido un apoyo total para mantener viva la gaita de boto y su presencia en nuestro grupo de dance; siempre ha estado acompañando, animando y apoyando a las nuevas generaciones», ha destacado Pedro Oliván.
Muy emocionado, el homenajeado ha recordado durante el acto sus veranos de infancia en Robres y la profunda conexión familiar y emocional que mantiene con la localidad. «Desde el primer día hasta el último de las vacaciones quería estar aquí; sufría cuando veía que se acababa el verano y tenía que marcharme de Robres», ha señalado.
También ha evocado los recuerdos transmitidos por su madre y su bisabuela sobre los antiguos dances acompañados por la histórica gaita de los Becana. «Mi madre me contaba que su abuela decía que los dances se hacían con un cacharro que llamaban gaita», ha explicado emocionado. «Para mí, la gaita de Robres ha sido siempre un referente absoluto», ha añadido.
Salas Ausens ha agradecido profundamente el reconocimiento recibido. «Esto que me habéis regalado se me queda dentro del corazón y lo recordaré todos los años que pueda seguir viniendo aquí», ha dicho.
La trobada de Robres comenzó en 1999 y celebró sus seis primeras ediciones de forma anual. Posteriormente pasó a organizarse cada dos años. Más de un cuarto de siglo después, continúa consolidada como una de las grandes citas de referencia para la gaita de boto en Aragón y como un ejemplo del esfuerzo colectivo realizado para mantener vivo uno de los sonidos más representativos de la cultura popular aragonesa.






















