
La estatua de Miguel Servet, ante la iglesia de la localidad.
Tras siglos arrastrando la fama de hereje y heterodoxo, los albores del siglo XX traen nuevos aires a España, y algunos intelectuales empiezan a replantearse el legado de Miguel Servet, poniendo el acento en su labor científica frente a la religiosa que le costó la vida y que eclipsaba sus méritos científicos.
Mariano de Pano, por ejemplo, denunciaba que Servet era más conocido y estudiado en el extranjero que en su patria. Y en enero de 1931, alguien que firmaba como ‘un Oscense’, publica en el diario ‘El Sol’ de Madrid un texto en el que denuncia: «…Miguel Servet, oscense de Villanueva de Sigena carece en la actualidad de un recuerdo público y permanente que patentice por lo menos el legítimo orgullo del pueblo donde nació».
Tras hacerse eco del escrito, ‘El Diario de Huesca’ lleva quince días después en portada y bajo el título ‘En memoria de Miguel Servet’ todo un alegato: «A medida que la cultura de los pueblos avanza, se rehabilitan nombres y hechos que la Historia consigna, pero que precia son de un ambiente culto para apreciar su valor y rendir el homenaje merecido. Lo que muchos ignoran, lo imperdonable, es que en su patria chica, en este Altoaragón, no exista una placa, un rótulo que dé su nombre a una calle, algo, en fin, que diga a todos que sabemos honrar a hijo tan ilustre».
Y el texto parece surtir efecto. El 2 de agosto, La Voz de Aragón publica en portada que ‘Villanueva de Sijena va a rendir homenaje a su hijo Miguel Servet’. La iniciativa había partido de Feliciano Mozas, telegrafista oscense casado con Pilar Calvo, de Villanueva de Sijena, que al conocer el personaje del pueblo natal de su mujer pensó que había que rendirle homenaje. Así, promovió una suscripción popular entre los vecinos para el medallón con la efigie de Servet que se colocaría en la fachada de la casa natal.
El acto tendría lugar el 6 de agosto, en plenas fiestas patronales. Aquella mañana el alcalde de Villanueva, Joaquín Burgos, con el Ayuntamiento en pleno, médicos de los pueblos de la zona y gran número de vecinos, esperaban a la comitiva en la carretera, mientras una banda de música interpretaba el Himno de Riego. Hasta Villanueva llegaron Jarne, en representación de la Diputación Provincial y del Gobierno Civil; Adrián Boned, por el Ayuntamiento oscense y Nicasio Mariscal en representación de la Academia Nacional de Ciencias.

A la izquierda, la casa natal con la fachada en su estado original. A la derecha, la placa colocada el 6 de agosto de 1931.
Los discursos se darían desde el balcón de la casa natal, y mientras se pronunciaba la frase «Gloria eterna a Miguel Servet» se descorría la cortina que cubría la placa de bronce, realizada de manera gratuita por el artista Miguel de San Miguel y colocada en la fachada, sobre la puerta de entrada, con la imagen de Servet. A continuación se haría lo mismo con la placa que bautizaría con su nombre la plaza que se abre frente a ella. Pero los homenajes no iban a parar ahí.
El Colegio de Médicos de Huesca, ese mismo 6 de agosto, creó el Patronato para levantar un monumento al médico Miguel Serveto y apoyar la iniciativa propuesta por Mariscal de que Villanueva de Sijena fuese ‘villa’ y dejase de ser “lugar o pueblo”, por ser la localidad natal del descubridor de la circulación menor de la sangre. El 26 del mismo mes, el Colegio oscense solicitará a todos los colegios de España el apoyo, que recibirá apoyo unánime de todos los órganos colegiales del país.
Y el trámite no se hace esperar. Coincidiendo que en 1931 se conmemoraban 400 años de la publicación de “De trinitatis erroribus”, impresa en 1531, donde Servet expone su teoría acerca de la circulación de la sangre, el recién estrenado gobierno de la II República publicará en la Gaceta de Madrid (precursora del actual BOE), el jueves 24 de septiembre de 1931 el decreto por el que se otorgaba a Villanueva de Sijena, por fin, el título de Villa:
Vistas las peticiones formuladas por varios Colegios Médicos, en solicitud de que, para dar más brillantez al acto de conmemoración del nacimiento del insigne descubridor de la circulación de la sangre, Doctor Miguel Servet que se ha de celebrar el día 29 del actual, se conceda al pueblo de su naturaleza el título de Villa, como Presidente del Gobierno de la República y a propuesta del Ministro de la Gobernación,
Vengo en conceder el título de Villa al pueblo de Villanueva de Sigena, provincia de Huesca.
Dado en Madrid a veintidós de Septiembre de mil novecientos treinta y uno.
Firmaba el presidente de la República Española, Niceto Alcalá y Zamora, y secundaba el Ministro de la Gobernación, Miguel Maura.

El título de Villa se muestra en la casa natal. A la derecha, el mismo texto, publicado en la Gaceta de Madrid.
El reconocimiento llegaría a tiempo para conmemorar aquel 29 de septiembre de 1931 el 420 aniversario del nacimiento del aragonés, así como el cuarto centenario de la publicación de una de sus obras más importantes, pero sería, sobre todo, el primer homenaje público hecho a su figura en España.
Bien entrado el siglo XX, se recuperaba a Miguel Servet como médico universal, destacado humanista, científico español para la historia. Y se multiplicarán los homenajes: uno de los nuevos centros educativos de Zaragoza llevará su nombre; así como su principal hospital, construido una década después, erigiendo en la puerta la estatua cuyo molde llevaba décadas dando vueltas por dependencias municipales sin que ningún alcalde zaragozano se hubiera atrevido a colocarla en algún espacio público antes. Huesca le dedicaría una plaza y su nuevo parque. Y numerosas localidades grandes y pequeñas bautizarían alguna de sus calles con el nombre de Miguel Servet. Su figura había sido restituida por la historia y eso permitirá, por fin, que la segunda mitad del siglo XX se llene de estudios e investigaciones sobre su obra y figura; el reconocimiento de su labor como geógrafo, farmacéutico o astrónomo, y su importancia en la defensa de la libertad de expresión como un derecho de la época moderna.












