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ROMERÍA DE SAN CAPRASIO. ERMITA Y TRADICIÓN EN ALCUBIERRE

ROMERÍA DE SAN CAPRASIO. ERMITA Y TRADICIÓN EN ALCUBIERRE

Podemos decir que se cumplen nada menos que 737 años de tradición y culto a San Caprasio en  Alcubierre, gracias a un documento que se guarda en la colección diplomática o cartulario del Monasterio de Montearagón, ya que en lo religioso nuestra parroquia dependía de la autoridad del abad de dicho monasterio, y que ya no está escrito en latín sino en lengua romance.

El último año del reinado de Jaime I El Conquistador, en 1276, está terminada la construcción de la iglesia de San Caprasio. Gracias a este documento sabemos la fecha, el nombre del abad de Monteragón, Joan Garcés Uris  y datos tan curiosos como el nombre del primer ermitaño y el de los miembros del concejo que entregan la obra.

En castellano actual, el escrito nos dice: “…Yo D. Domingo Pelegrín y yo D. Domingo Secorun, jurados de Alcubierre, por orden del Concejo de Alcubierre, damos a Sancho Lusan la iglesia construida en honor de san Cravás, en término nuestro mientras vos sigáis vivo, para que cantéis misa todos los días. Os entregamos 50 sueldos y os daremos otros 50 en la primera fiesta de la Santa Cruz de Mayo. Luego  deberéis vivir de la caridad y de la limosna…”.

(En los municipios rurales, los jurados solían ser solamente dos. Mas que concejales eran asesores y lugartenientes de otro superior llamado Justicia. Eran los jurados gobernantes del municipio, sus administradores y jueces, sus acuerdos eran ejecutivos inmediatamente de promulgados. Administraban los fondos municipales sin cortapisa y como estos procedían de repartos, ellos los hacían sobre las unidades políticas que constituían  el municipio. Forma típica del concejo medieval era el concejo abierto, asamblea de vecinos convocada a son de pregón, o campana repicada, para resolver los grandes asuntos comunales. Funcionaron hasta la segunda mitad del siglo XV).

El concejo le da la propiedad de la iglesia mientras viva, pero sin rentas ni tierras, solamente los 100 sueldos del primer año.

La siguiente referencia histórica que encontramos, relacionada con nuestra ermita y el santo, nos puede dar una idea de lo arraigada que estaba la devoción y el culto al mismo. Se trata de un documento de 11 de Noviembre 1348, firmado en Sagunto por el rey Pedro IV El Ceremonioso, en el que se autoriza a Blasco de Alagón, “… a construir su castillo en Alcubierre in podio vocato de Santo Caprasio…”.

FESTIVIDAD DE SAN CAPRASIO

La fecha de la festividad de san Caprasio ha ido variando a lo largo del tiempo. En un principio, se celebraba el 20 de octubre (San Caprasio Abad, posiblemente referido a San Caprasio de Lerins que fue abad del monasterio que fundó)  y que concuerda con un testimonio que dice: “…cuando volvían los cofrades repartían alborzas entre la chiquillería con gran alegría por parte de los pequeños…”. Alborza es el nombre que le damos aquí al fruto del madroño y que está en su punto por estas fechas.

Posteriormente la fiesta se celebraba el tercer día de la Pascua de Resurrección, luego se celebraba el 25 de Abril de cada año (veremos a continuación el por qué) y actualmente se celebra el último sábado de abril.

TRASLADO DE LA FESTIVIDAD AL 25 DE ABRIL. “EL MILAGRO DE SAN CAPRASIO”

Alcubierre 6-5-1914

“Hacía 60 años que no se llevaba la imagen de San Caprasio al pueblo en procesión de rogativa. Había una gran sequía. El día 25 del mes anterior se bajó en procesión a la iglesia parroquial de Alcubierre. Al salir de la iglesia un cierzo  huracanado barría implacable todas las esperanzas. Aquella noche los síntomas atmosféricos eran contrarios a la lluvia, y sin embargo, a la media noche se oyó un enorme trueno que despertaba a los vecinos de Alcubierre para presenciar un suceso extraordinario: una copiosa lluvia caía sobre el pueblo y los sedientos campos.

Los vecinos asomados a las ventanas y a las puertas de las casas aplaudían y lanzaban “¡vivas!” a San Caprasio. La palabra “milagro” se oía por todas partes.

Las autoridades locales asintiendo a los deseos de la población, tienen ya acordado trasladar la fiesta que anualmente se celebra el tercer día de la Pascua de Resurrección al día 25 de Abril de cada año.

Califica de grandiosa y concurrida la romería que hizo este pueblo en la ermita de San Caprasio.

Numerosos carros. Dos grandes banderas de raso de seda blanca una y roja otra, portadas por dos robustos jóvenes del pueblo, Rafael Cisuelo y Mariano Jordán, varios estandartes llevados por otros jóvenes, y la imagen de San Caprasio portada por cuatro jóvenes recientemente licenciados del ejército: Joaquín Usieto, Eduardo Gavín, Nazario Alfranca y Felipe Gavín, vestidos con sus correspondientes uniformes. (Hoy, Teresa Alfranca todavía recuerda perfectamente el relato contado por su padre).

Les seguían la banda municipal de Villanueva, la corporación municipal, el clero parroquial y las gentes de Alcubierre.

Al llegar a la explanada de la ermita, se celebró una misa sobre un altar forrado con manteles de color azul y blanco, por el párroco D. Antonio Torres, de Ibieca.  Al finalizar, se colocó la imagen del santo en su ermita, y los asistentes comieron lo que llevaban por los alrededores.

SOBRE SAN CAPRASIO (Para ver todas las fotos de este artículo pinche aquí y acceda a nuestra galería)

San Caprasio nos aparece como un enigmático santo, cuya raíz etimológica estaría asociada a lo caprino.

Hay varias leyendas sobre el santo. Citaremos la que dice que  Caprasio era un ermitaño griego que un día vio una pastora y pecó. Su castigo fue vagar por el mundo hasta encontrar un lugar similar al paraje en el que cometió el pecado, donde debía establecerse como eremita.

La tradición dice que vino de Francia, que estuvo de pastor en Guara. Tiró su cayado, que llegó hasta Alcubierre, donde brotó un manantial y allí se estableció como eremita. Una antigua copla lo recoge  de esta forma:

San Caprasio fue pastor

en las montañas de Guara,

tiró el palo y fue a caer

encima de La Quemada.

Se le atribuyen al santo ciertos poderes milagrosos. A los niños que estaban herniados se les untaba en la zona afectada con aceite de la lámpara que ilumina la imagen en la ermita. Se les acostaba sobre el altar y si el niño se dormía quedaba curado.

Muchos fueron los niños que se llevaron a la ermita, y también muchos mayores que incluso hoy en día, al finalizar la misa, se descuelga la lámpara y mojan las yemas de los dedos en el aceite y se untan la parte del cuerpo que quieren proteger. Sobre todo lo hacen en la frente.

Los eremitorios son varias cuevas. Digamos que unas son las principales, las más grandes, entre las que están la  ermita “Cueva de la Salud”, la que hace de refectorio, dormitorio y la despensa. Disponen de un curioso y bello sistema de “estructura” hecha con troncos de pino para sujetar y asegurar los techos de las cuevas.

Además de las citadas, hay otras cuevas más pequeñas, repartidas por los alrededores y que servían o sirven para hacer los “retiros”  individuales, a las que se accede por estrechos y tortuosos senderos.

Cuando te acercas a esta zona y buscas estas “celdas de retiro”,  te vienen a la memoria los versos de Fray Luis de León:

Qué descansada vida

La del que huye del mundanal ruido

y  sigue la escondida

senda por donde han ido

los pocos sabios que en el mundo han sido.

Las cuevas las ocuparon los “Hermanitos de Jesús”,  de los que se decía tenían un retiro en alguna zona similar del norte de África y que al empezar la I Guerra Mundial vinieron por aquí porque era lo más parecido que encontraron al paisaje de los desiertos argelinos donde residían antes .Se trata de una fundación del padre Charle de Foucauld (nace en Estrasburgo en l858 y muere a manos de una banda de forajidos en el desierto argelino en 1916).

Los hermanos de Jesús tenían un noviciado a las afueras de Farlete, en la ermita de la Virgen de La Sabina, y hacían uso regularmente de las cuevas.

Sin duda, algo de “mágico” o “especial” tiene este paraje, en el que hubo un asentamiento en la Edad del Hierro, en el que se edificó una ermita en el siglo XIII, unas cuevas para eremitas y que según la tradición también sirvieron de refugio para Cucaracha y su banda, y sobre todo que ha hecho que las gentes de Alcubierre, Farlete y otros lugares hayan subido ininterrumpidamente durante los últimos 737 años.

               

Alberto Lasheras.

                                                                                                                                                                           

Fuentes:

-Rafael Conde y Delgado Molina. Archivo de La Corona de Aragón.

-Tradición oral de Alcubierre.

-Hemeroteca Diario del Altoaragón.

-Cartulario de Montearagón.

 

19/04/2013

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