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Bayeu, acusado de competencia desleal por otros pintores

Bayeu, acusado de competencia desleal por otros pintores

Recordando la fecha de nacimiento de Manuel Bayeu Subías, el 8 de enero de 1740, recogemos este suceso que nos ayuda a conocer un poco más la personalidad del cartujo pintor, extraordinario y singular personaje que merece nuestra atención cuando, gracias a la compra de la Diputación Provincial de Huesca, se está recuperando el conjunto monástico en el que se guarda la mayor parte de su obra.

 

Desde que ingresó como probante de donado en La Cartuja de las Fuentes (1760), y con el permiso de los sucesivos priores, fray Manuel Bayeu realizó pinturas de diferente formato para destinos diferentes a su cartuja. Eran devotos regalos para amigos suyos, benefactores de la cartuja, o encargos para iglesias y conventos a cambio de materiales, alimentos y otros bienes para la comunidad. Por tanto fray Manuel, cuando cobraba, era siempre en especie y en beneficio de la comunidad de Las Fuentes. En 1778 pintó, entre otros muchos, un San Nicolás para su amigo Clemente Aranaz, un San Martín para su amigo y corresponsal Martín Zapater, amigo de los hermanos Bayeu y de su cuñado Goya. Con Zapater tenía una correspondencia regular y le pedía constantes favores.

 

La realización de dos cuadros para la cofradía de la Candelaria, con capilla en la iglesia del convento del Carmen de Zaragoza, provocó un serio incidente en marzo de 1779, con varios pintores de Zaragoza. Estos fueron: José Luzán, Manuel Eraso, Diego Gutiérrez Fita y Francisco Périz. Manuel Bayeu tuvo la sospecha que fue el escultor Carlos Salas quien promovió este suceso. Nuestro monje pintor recibió, por las dos pinturas, una partida de lienzo para pintar otros cuadros para su cartuja.

 

Los cuatro pintores citados acusaron de competencia desleal al pintor cartujo, mediante un escrito dirigido a D. Ramón de Pignatelli, presidente de la Segunda Junta Preparatoria para la creación de la Academia de Bellas Artes de Zaragoza. Alegaban que ellos pagaban impuestos a la Real Contribución por los cuadros y pinturas que realizaban, mientras que fray Manuel Bayeu no pagaba nada por pertenecer al estamento religioso. Eraso y Luzán eran pintores muy acreditados en Zaragoza y conocían bien a fray Manuel, que se sintió dolido por su acusación ya que les había hecho importantes favores. En una carta a Martín Zapater, se queja porque a Luzán le había ayudado a conseguir partidas de bautismo de sus antepasados en La Almolda y Lanaja, que necesitaba para la promoción social y administrativa de su hijo Ignacio José Luzán Zabalo (1751-1808), que llegaría a ser alcalde mayor de Jaca y después corregidor de Fraga. Manuel Eraso asistió junto a Manuel Bayeu a las clases de dibujo que impartía Francisco Bayeu, le debía muchos favores, y Francisco le había ayudado a conseguir una pensión de la Academia de San Fernando para estar en Roma unos años, para perfeccionarse como pintor. Pero fue con Diego Gutiérrez Fita con quien se sintió más dolido, pues debía ser el más agradecido de todos ellos. Éste era hijo de Diego Gutiérrez Falces, dorador que trabajó en La Cartuja de Las Fuentes dorando el retablo y el tabernáculo que hizo Carlos Salas, siendo fray Manuel Bayeu quien le proporcionaba y custodiaba el libro con las láminas de pan de oro que necesitaba. Esta relación estrecha con el dorador, llevó a fray Manuel a recomendarle a su hermano Francisco Bayeu que acogiera en su casa de Madrid, enseñara y diera de comer a Diego Gutiérrez Fita. Cuando éste no pudo estar en Madrid, fray Manuel lo acogió en la cartuja de Las Fuentes haciéndolo curar y curándolo, “que estaba lleno de enfermedades venéreas. Y con mis cartas lo puse en gracia de su padre, hasta que lo conduje a Barbastro y se curó en su casa enteramente. Si él se acordara las noches que sus ayes no me han dejado dormir, no sería capaz de hacer contra mí una falsedad como la que ha hecho, pero me hago cargo que  Dios paga como Dios y los hombres como hombres (Carta de 3.IV.1779). Está claro que Gutiérrez volvió de la capital de España con la salud quebrantada, acaso como consecuencia de haber llevado una vida disoluta, según insinúa el cartujo. Y después de cuidarlo y convalecer en la Cartuja de Nuestra Señora de Las Fuentes, regresó a su casa paterna de Barbastro. Debía ser todavía joven y soltero, así que podemos situar estos episodios en la década de los años sesenta. Por lo tanto, cuando en 1772 Gutiérrez padre fue a trabajar en el retablo de las Fuentes, dorador y cartujo ya debían conocerse desde tiempo atrás.

 

De Francisco Périz, dudaba fray Manuel que estuviese en la intriga, y Martín Zapater, que hizo alguna averiguación le confirmó la bondad de éste. Fray Manuel quedó afectado por este asunto y cayó en gran desánimo, “…no hay duda me turbó lo practicado muchos ratos de la paz que tanto reinaba y reina en mí. Pero yo, gracias a dios, me río de mí mismo y de mis acusadores” (Carta 10.IV.1779).

 

El escrito de queja de los cuatro pintores zaragozanos fue enviado, por indicación de D. Ramón de Pignatelli, al prior de Las Fuentes, superior de fray Manuel; éste respaldado y animado por su hermano Francisco, remitió un memorial de queja a la Real Academia de San Fernando. En una junta celebrada el dos de mayo de 1779, en la citada Academia, se consideraron injustificadas la actitud y pretensiones de los pintores zaragozanos, y se apoyó la actuación de fray Manuel, remitiéndole un escrito en el que le comunicaba que podía pintar libremente cualquier obra que le pareciera y le permitiera su prior, tanto para su monasterio como para fuera de él. El secretario de la Academia, Antonio Ponz, escribiría al secretario de la Junta Preparatoria de Zaragoza, Francisco Calvo Cavero, para que diera  cuenta de lo acordado por la de San Fernando a todos los miembros de la junta y defendiera los derechas de fray Manuel, impidiendo cualquier medida contra él por parte de sus acusadores (Pardo Canalís,1951).

 

La pintura la entendía La Academia como arte liberal y, por lo tanto, no sometida a condicionamientos económicos ni gremiales. La resolución de la Academia de San Fernando le dio a fray Manuel total libertad para asumir encargos foráneos, tanto de iglesias como de particulares.

 

Alberto Lasheras

 

Fuentes:

“Goya y los Bayeu a través de las cartas de fray Manuel Bayeu” (José Ignacio Calvo Ruata).

“Los Bayeu, una familia de la Ilustración” (Arturo Ansón Navarro).

“Aproximación al pintor dieciochesco Diego Gutiérrez”. Artigrama nº21.(José Ignacio Calvo Ruata).

08/01/2017

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