«La jota debe estar en manos de profesionales»

Casaña y Badules ya son dos veces "extraordinarios".

Elena Casaña y Javier Badules. Foto: Carmelo Samper.
Elena Casaña y Javier Badules. Foto: Carmelo Samper.

Los cantadores Elena Casaña, natural de Albalatillo, y Javier Badules, de San Lorenzo del Flumen, son ya dos grandes de la jota, con trayectorias casi paralelas. Ambos son ya dos veces «;extraordinarios»;. Y, además de premios, han compartido profesor, grupo y escenarios. También exhiben un estilo similar y coinciden en algunos de sus anhelos. Los dos monegrinos apuestan por una jota que emane y crezca de la mano de profesionales, desde sus raíces y sin complejos.

Similares fueron también sus actuaciones en el último Certamen Oficial de Jota de Zaragoza, donde se hicieron con su segundo premio Extraordinario. Ambos habían obtenido ya el primero en 2017. Los dos cantadores estuvieron impecables y tuvieron que salir a saludar en más de una ocasión. También se mostraron serenos y tranquilos. Y lo estaban. Y es que, según explican, salieron a disfrutar y con el único afán de superarse a ellos mismos. Con esta segunda estrella, Badules se convirtió en el primer bicampeón de la provincia de Huesca y Casaña igualó a Inés Martínez.

«La alegría es enorme», reconoce Casaña, que, según detalla, estuvo a punto de echarse atrás en el último momento. «Llegué con el tiempo justo y encima, me olvidé el mantón en Albalatillo. Tuve la tentación de dejarlo pasar. No obstante, al final conseguí estar lista a tiempo y salir con uno prestado», asegura. A Badules, casi le priva de su premio un resfriado. Por fortuna, ambos superaron estas pequeñas adversidades y de nuevo, brillaron sobre el escenario de la sala Mozart.

Detrás de su segunda estrella, hay muchas horas de trabajo, que han compartido con sus actuales profesores. Elena Casaña recibe clases de Laura Martín y Badules, de Nacho del Río. A este nivel, la preparación es básica. Hay que tener técnica vocal, resistencia y una perfecta dicción.

Aunque acudieron sin nervios, Badules reconoce que sintió cierta presión días atrás. «Si ganas -explicas- es lo que tenías que hacer, pero si pierdes hay quién puede poner en duda hasta tu primer premio». Para el cantador, un nuevo «;extraordinario»; es como una segunda estrella en el mundo de la restauración, es decir, indica que, además de mantenerse, tu nivel ha sido creciendo.

Tras el parón de la pandemia, Badules se muestra feliz de haber vuelto a coger ritmo. A sus colaboraciones en el programa de Cristina Pardo, ha ido sumando ya cada vez más actuaciones. Y además, entre sus proyectos más cercanos, está la publicación de un disco junto a su actual maestro, Nacho del Río, al que dice deberle «cada uno de mis éxitos». A sus enseñanzas técnicas, suma la transmisión de valores. «Nos enseña a salir al escenario con orgullo y responsabilidad, por nosotros y por la jota. También a sentir cada verso y lograr emocionar», añade Badules.

Para Casaña, también son muy valiosas las enseñanzas de su actual profesora, Laura Martín. Para la cantadora monegrina, el concurso ha sido una forma de «forzarme a mantener el nivel adquirido y seguir en contacto con la jota», después de haber decidido reducir al mínimo sus actuaciones en favor de su papel de madre.

Los dos catadores también comparten una misma visión sobre el presente y el futuro de la jota. Ambos creen que la enseñanza de este género «debe estar en manos de profesionales», es decir, de aquellos que sean capaces de alentar el amor y el respeto hacia la jota y, al mismo tiempo, elevarla de categoría. Y todo sin que pierda su esencia y su carácter popular.

«El futuro de la jota -dice Casaña- debe estar en manos de aquellos que la respetan, que trabajan y estudian por su dignificación. Las escuelas deben contar con los mejores profesionales». También cree importante marcar unas directrices del buen cantar. Y es que «no todo vale», subraya.

Para Badules, «la jota está dejando de ser vista como algo rancio o antiguo para entenderse como un género que nos identifica con nuestra tierra y que es fuente de orgullo», dice. «Hay que quitarse los complejos y colocarla en el lugar que merece», añade. «Acaban de hacer un proyecto de fusión entre jota y música electrónica y, aunque seguramente todos le pondríamos algún pero, tenemos que llegar a un punto en el que con la calidad suficiente nos atrevamos a realizar nuevos proyectos. Hay que perderle el miedo y un día hacer un dúo con un cantante de éxito, igual que lo han hecho José Mercé y Diego El Cigala con Michel Camilo, con trabajos en los que fusionan en el piano jazz con el flamenco. Tendríamos que tener la capacidad y la calidad para poder llevar la jota a otro nivel sin complejos», señala Badules. «A lo largo de la historia, han sido muchos los compositores clásicos que se han inspirado en la jota. No en un fandango charro o un bolero mallorquín. Chabrier hizo una jota, Liszt hizo una jota, Gottschalk hizo una jota… Y eso es lo que no hemos sabido vender. Ellos vieron la grandeza de este género y nosotros debemos sacarle brillo, con control y regulación y sin que se pierda su esencia», concluye el cantador.

Casaña y Badules se iniciaron siendo niños en el mundo de la jota y lo hicieron de la mano del mismo maestro, el gran José Antonio Villellas, hijo jotero de Camila Gracia, de la que heredó un estilo puro y valiente. El mismo que transmitió a sus discípulos. «A mí la jota me gusta brava y que emocione», señala Casaña, que se define como una jotera clásica, de voz limpia y fuerte. También Badules se mueve en el mismo estilo. Ambos han crecido además al abrigo de la agrupación folclórica Aires Monegrinos y con el paso de los años, han pasado de alumnos a profesores y han terminado superando a su primer maestro.

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