Pastelerí­a Berdún celebra sus 100 años de historia

El obrador está reeditando algunos de sus primeros dulces.

Anabel y Antonio Berdún
Anabel y Antonio Berdún

La Pastelería Berdún, de Alcubierre, alcanza este año su centenario y para celebrarlo, ha optado por reeditar aquellos pasteles con los que sus predecesores endulzaron a varias generaciones. Algunos de ellos tienen más de medio siglo de historia y llevan sin elaborarse varias décadas.

El obrador monegrino abrió sus puertas en 1922, aunque su promotor, Antonio Berdún Ester, ya llevaba varios años dedicado a este oficio, tras formarse en la pastelería San José de Zaragoza. En 1952, se incorporó su hijo, Antonio Berdún Gabarre, y después, sus cuatro descendientes: Antonio, Anabel, Manuela y Jesús, la tercera generación, que sigue llevando las riendas de este reconocido negocio familiar.

Las lenguas de hojaldre rellenas de merengue o crema y los canutillos de nata fueron su primera apuesta. «Y fue todo un éxito. Al final, tuvimos que elaborar algunos más para que nadie se quedara sin probarlos», explica una de las actuales socias de este negocio familiar, Anabel Berdún. Después, fue el turno de las juanitas de crema o nata y las siguientes serán las denominadas pezuñas. Todas están elaboraciones van apareciendo cada fin de semana, salvo aquellos con postres ya especiales.

La reedición de estos pasteles tiene su complicación. «Algunos los he probado, pero nunca los he elaborado», explica Antonio Berdún. Para superar el reto, el pastelero ha desempolvado un antiguo manual de su abuelo, con el fin de seguir paso a paso las elaboraciones e imitar las técnicas de entonces. Así, entre otras, también tienen previsto reeditar las famosas saras, que son pasteles de mantequilla y almendra fileteada, o los clásicos bizcochos de canela. Según explica, los más difíciles de satisfacer serán sus clientes más longevos, es decir, aquellos que de niños tuvieron la oportunidad de probar las elaboraciones de sus predecesores. Y no por su complicación, que, tal y como señala, es más o menos sencilla, ya que casi todos se basan en bizcochos, cremas o mantequillas, sino por el hecho de competir con un recuerdo «tan idealizado». Y es que en aquellos años los pasteles solo se elaboraban en fechas puntuales como la Virgen de Agosto, la Ascensión o la Inmaculada y por lo tanto, era algo excepcional y además, vinculado a la infancia y a un día de fiesta.

Con la llegada de la tercera generación, Pastelería Berdún ha seguido creciendo, aunque sin perder su esencia, es decir, su asociación con las técnicas tradicionales y el uso de productos de calidad. Dentro de sus principales valedores, están sus turrones artesanales o sus valorados roscones. Los cuatro hermanos han apostado por ampliar y modernizar el obrador y, al mismo tiempo, han dado el salto al comercio online. Ahora mismo, cuentan con una plantilla de 20 personas y diferentes puntos de venta en Huesca y Zaragoza.

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