«Mi marido está dispuesto a volver y combatir»

Yuliya Gayevska, natural de Ucrania, reside en Grañén.

Yuliya
Yuliya

Desde el inicio de la invasión rusa, Yuliya Gayevska trata de mantener su cabeza y sus manos ocupadas, con el fin de evitar pensar demasiado en el día a día de su familia en Ucrania. «Intento estar activa, cumplir con el trabajo y ayudar en todo lo posible», dice, sin separarse del móvil, donde espera los mensajes diarios de sus seres queridos. «No solemos mantener largas conversaciones. A estas alturas, me sirve con la confirmación de que siguen vivos», subraya.

Yuliya y su marido, Víctor, llevan 22 años en España. Aquí nacieron sus dos hijos, Ioan, de 13 años, y Adrián, de 9. La familia reside en Grañén, donde este domingo, junto a varios vecinos, acabaron de empaquetar las donaciones destinadas al pueblo ucraniano. «La ola de solidaridad está siendo enorme; estamos muy agradecidos», subraya. Y lo dice desde la experiencia. De hecho, está implicada en varias acciones de recogida de productos a través de la Asociación de Ucranianos en Aragón, que canaliza un parte importante de los envíos. También ha aceptado actuar como traductora y unirse a una de las expediciones en dirección a la frontera con Polonia. El viaje todavía no se ha concretado, aunque su deseo es que salga adelante, con el ánimo de ayudar y el anhelo de traerse consigo al menos a una de sus sobrinas, que trabaja como pediatra en Ucrania y que tiene un hijo de tan solo 2 años.

Su familia está agrupada en el óblast de Jmelnitski, en el suroeste del país, alejada de las zonas más intensas de combate, aunque muy cerca ya se han producido bombardeos aislados. Su madre está convaleciente, obligada a permanecer en la cama, y su padre se mantiene a su lado. Ninguno de los dos puede bajar a los sótanos. Sus dos hermanos ya se han presentado voluntarios para hacer frente a la invasión rusa, aunque sin que de momento hayan sido llamados a filas. «Ninguno quiere abandonar el país. Quieren defender sus casas y están dispuestos a combatir, aunque de momento les han dicho que no son necesarios al carecer de experiencia militar», explica. Sus padres también lo tienen claro. «Dónde han nacido quieren morir», resume, aceptando con resignación el deseo de sus progenitores. «También mi marido se ha ofrecido a volver y luchar. Siente que su sitio ahora está allí», asegura. «Y no es el único», añade, señalando que son muchos los ucranianos que un día salieron de su país y ahora están dispuestos a regresar. «Aquí son muchos los que lloran de impotencia, que se sienten frustrados y que quieren volver; ayudar a resistir y vencer», insiste.

Su llegada a la localidad de Grañén tuvo lugar hace tan solo un año. Hasta la invasión de ucrania, su marido invertía su tiempo libre en la mejora de la vivienda recién adquirida. Ahora, es incapaz de hacerlo, las herramientas están abandonadas sobre el suelo. «No es fácil concentrarse en nada», sostiene Yuliya, justo antes de despedirse y volver a ocupar sus manos. Hoy le toca recorrer varias farmacias de la capital oscense, con el fin de recoger y clasificar las nuevas donaciones. Para su almacenaje, requieren de un local céntrico en Huesca, lo que le lleva a hacer un nuevo llamamiento a la generosidad de la ciudadanía, por si alguien dispone de algún espacio amplio y en desuso. En Grañén, también continuarán con la recogida de productos, centralizada a través del consistorio. Muy pronto se colocará nueva cartelería con las principales necesidades y los puntos recogida.

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