Pallaruelo: un colegio para cuatro alumnos

La localidad necesitará de la llegada de nuevas familias.

Eric
Eric

Pallaruelo de Monegros aguanta el pulso a la despoblación. Con la implicación de la comunidad docente, la administración y las familias, la localidad mantiene abiertas las puertas de un servicio clave para su supervivencia: el colegio. Al centro, el más pequeño de Los Monegros, acuden este año cuatro alumnos: Eric, Agni, Loren y Tiago. Del conjunto, dos de ellos saldrán al instituto el próximo año, sin que exista relevo, lo que hace necesaria la llegada de nuevas familias con niños en edad escolar.

A favor de la localidad, juega la creación de nuevos puestos de trabajo asociados a varios proyectos ganaderos. La previsión es que se oferten entre 15 y 20 empleos. No obstante, el problema está en la falta de viviendas. «Hay casas, pero cerradas desde hace tiempo y por lo tanto, en mal estado», explica el alcalde pedáneo, Pedro Villellas. Para su rehabilitación, pide la implicación de las administraciones, consciente de que la cuenta atrás ha comenzado y necesitan propiciar la llegada de nuevas familias. «Hay trabajo, pero faltan viviendas», insiste. «Para nosotros, mantener el colegio abierto es una prioridad. Su cierre sería el principio del fin», añade.

Para evitarlo, cuentan además con la implicación de la comunidad docente. El centro pertenece al CRA Monegros Norte, que suma 87 alumnos repartidos en seis poblaciones: Lanaja, Albalatillo, Cartuja de Monegros, San Juan, Pallaruelo y Orillena. A excepción de la primera, todas adolecen de falta de alumnos, una circunstancia que también tiene sus ventajas. Y es que los alumnos reciben una atención personalizada.

La directora del CRA, María Pueyo, y el jefe de estudios, Raúl Martínez, reconocen ser unos apasionados de su labor docente y en particular, de la escuela rural, por la cercanía con alumnos y familias. Para ellos, la existencia de pequeños grupos presenta más ventajas que inconvenientes.

«En algunos momentos, los niños están con dos profesores y por lo tanto, reciben una atención muy personalizada. El tiempo de dedicación a cada alumno es mucho mayor, lo que te permite apreciar más las necesidades de cada uno así como sus habilidades con el fin de potenciarlas», explica Pueyo. De igual modo, cree que la convivencia de alumnos de diferentes niveles permite trabajar con naturalidad en el día a día determinados valores como la paciencia, el compañerismo o el respeto. «Al ser de diferentes edades, aprenden a esperar su turno y es habitual que se ayuden los unos a los otros», añade Pueyo.

Marta Valero ha cambiado las aulas de un centro educativo de la capital oscense por la única del colegio de Pallaruelo, donde ejerce de tutora y especialista de inglés. «Hay una gran diferencia y al principio, cuesta acostumbrarse, pero las ventajas son muy importantes, especialmente para el alumno. Aquí puedes prestar más atención a cada niño y realizar un mayor número de actividades. El aprendizaje es personalizado y además, adquieren muy pronto valores tan importantes como la empatía o el compañerismo», explica la docente. También es posible desarrollar atractivos proyectos como el cultivo de un huerto o salidas para disfrutar del entorno.

Aunque la pandemia ha truncado algunos de los proyectos habituales, Raúl Martínez explica que son varias las iniciativas que favorecen la convivencia entre los alumnos de los diferentes centros del CRA Monegros Norte. De forma anual, organizan unas olimpiadas monegrinas así como una despedida de los alumnos de 6º. Las actividades son itinerantes y llegan a todas las localidades.

De su implicación, dan fe las familias. Lourdes Alcubierre tiene dos hijos, Toni, que ya ha dado el salto al instituto, y Agni, que lo hará el próximo año. «Mis hijos han requerido de un apoyo especial, al proceder de otro país, y aquí lo han encontrado. Los profesores han ido más allá de su obligación, demostrando su pasión y entrega. Nos han brindado toda su ayuda y colaboración y además, la calidad de la enseñanza ha sido inmejorable», concluye Alcubierre, que, al igual que el resto de los vecinos de esta población, espera con los brazos abiertos la llegada de nuevas familias. La localidad, que forma parte del municipio de Sariñena, es garantía de una importante red de apoyo y solidaridad vecinal.

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